lunes, 14 de julio de 2008

La imagen como medio de comunicación

Para Paulo Freire la auténtica educación es la que permite el diálogo entre educador y educando. El diálogo es considerado un fenómeno humano que se revela a través de la palabra. La palabra entonces es fundamental para la interacción y el intercambio entre sujetos, capaces de construir, interpretar y modificar el mundo. Esto significa que “los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión”. [1]
Para que la educación sea válida Freire postula que el educando debe poder pronunciar su palabra y no ser pronunciada ésta por el educador en su lugar. Así el educador construye un verdadero diálogo teniendo en cuenta las características de las personas con las que entra en relación y lo que tienen éstas para decir de su mundo.
Pero la palabra no es sólo la palabra hablada; esa decir no es requisito de la comunicación que el individuo tenga un discurso articulado en el que pueda transmitir su concepción acerca del mundo.
En el caso de la práctica que realizamos en una copa de leche de la ciudad de la plata con chicos de entre dos y diez años, la imagen fue nuestro vehículo para el diálogo. Y en esto fueron determinantes las características de los sujetos con que realizamos este intercambio. Porque como afirma Jesús Martín Barbero, la imagen instaura la ruptura del modelo educativo que sostiene que el aprendizaje se realiza por edades; predicando lo que cada sujeto debe y puede saber de acuerdo a su edad y a su capacidad de comprender una lectura o de expresarse verbalmente. La imagen hace posible “el tránsito de un modelo centrado en la secuencia lineal que encadena unidireccionalmente materias, grados, edades y paquetes de conocimientos, a otro descentrado y plural”[2]
A través de la imagen hasta los más chicos, que todavía no saben escribir ni leer e incluso están aprendiendo a hablar, puede expresar sus ideas y a su vez pueden formar una interpretación del mundo en el que viven. Esto fue lo que tuvimos en cuenta en el momento de proponer la imagen como medio de interacción. Así llevamos a cabo actividades donde los chicos dibujaron su barrio, su casa y su familia y con esto nos dieron una información valiosa de su entorno y sus miradas hacia el mismo.
Otra actividad que llevamos a cabo fue la lectura conjunta de imágenes publicadas en diarios y revistas. Así pudimos ir construyendo la visión que los niños tenían de su sociedad. Ellos nos contaban que las graficas que aparecían en los diarios (fotografías de piquetes, imagen de la presidente de la nación, fotos de casas precarias, figuras militares, etc) les eran familiares porque las veían en los noticieros; por lo que nos dimos cuenta de que la televisión era una herramienta muy importante con las que ellos realizaban sus lecturas del mundo. Dice Barbero: “Al no depender su uso de un complejo código de acceso como el del libro, la televisión expone a los niños, desde que abren los ojos, al mundo antes velado de los adultos. Es como si la sociedad entera hubiera tomado la decisión de autorizar a los niños a asistir a las guerras, a los entierros, a los juegos de seducción, los interludios sexuales, las intrigas criminales. La pequeña pantalla les expone a los temas y comportamientos que los adultos se esforzaron por ocultarles durante siglos” Y es ésta la revolución que instaura las nuevas tecnologías de la comunicación con su uso privilegiado de las imágenes: permitir a los niños su expresión y su comunicación antes de haber desarrollado las herramientas del leer y escribir.
En nuestra práctica, nosotros indagamos en el mundo de los chicos para conocer sus visiones y sus gustos y así aprender de lo que ellos consideran importante. De esta manera no nos olvidamos de los sujetos con los que interactuamos ni del contexto en el que ellos viven, el cual plantea determinados desafíos que hay que tener en cuenta. Así buscamos vehiculizar el intercambio apelando a los códigos, lenguajes y saberes que ellos manejaran.
Iniciamos, así, la ruptura que Freire postula como necesaria con la educación tradicional o “bancaria”; ya que “para el educador tradicional la pregunta no es relativa al contenido del diálogo, que para él no existe, sino con respecto al programa sobre el cual disertará a sus alumnos.” Y a esta pregunta responde él mismo, organizando su programa y sus actividades.
A diferencia de esto, nosotros buscamos la forma más adecuada en la que los chicos pudieran expresarse y hacer el reconocimiento del entorno en el que viven. Con esto, tomamos lo que ellos nos dieron y permitimos que se reconozcan en las actividades que nosotros les ofrecimos. De esta forma, ellos y nosotros iniciamos una participación activa en las transformaciones producidas en el espacio.

[1]. Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. Editorial: Siglo XXI Año de edición: 2005
[2] Jesús Martín-Barbero: Heredando el futuro. Pensar la educación desde la comunicación Publicado en en Rev. Nómadas, Nº 5, Santafé de Bogotá (Colombia), Univ. Central, 1997.

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