lunes, 14 de julio de 2008

La cultura de los pibes

Freire plantea al “universo vocabular” como al conjunto de palabras o lenguajes por los cuales los sujetos interpretan el mundo. Y extiende esta noción a las inquietudes, reivindicaciones, sueños. Esta definición se nos presenta válida para describir algunos comportamientos de los menores y a partir de allí, comprender el por qué de algunas de sus prácticas.
La forma que emplean para comunicarse podría considerarse violenta o retraída, según las circunstancias. Violenta porque esa es la manera por la cual ellos se posicionan hacia el interior del Centro. Y retraída por una normal desconfianza hacia todo lo ajeno, que se encarna en el mundo adulto. En este sentido, es que se pueden entender a estas características según sea el interlocutor interviniente. Para sus pares, el trato será de posicionamiento, de referencia, de “marcar la cancha”. En cambio, el trato con las autoridades será de otra manera, puesto que comprenden las relaciones de poder y el rol que cada uno ocupa en la institución.
A pesar de que los internos aparenten cierta rigidez o entereza frente a la situación que deben acarrear, nunca hay que perder de vista que se trata de menores. Chicos entre dieciséis y diecisiete años. Y este no es un dato biológico. Guarda una estrecha relación con que en esos años, precisamente, es donde se forja la personalidad y en donde se comienza a construir el mundo adulto donde luego se habitará.
Es por ello que también podemos hablar de ciertas inquietudes que se les presentan, algunas propias de la edad, otras producto de la situación de encierro que viven. En este sentido, no es curioso observar que muchos, estando en clase, dispersan su atención ante una ventana que mira hacia un patio interno. Ese sol impoluto estampado en un cielo despejado es la libertad que ellos no tienen. La ven (por la ventana) pero no la tienen. De hecho, uno de los pocos espacios recreativos que conservan, como salir al patio a patear una pelota contra una pared despintada y con arcos dibujados, tiene la curiosidad de estar cubierto por “medias sombras” negras y rejas “para que la pelota no se vaya”.
Entonces. “El que voy a hacer cuando sea grande”, por momentos parece un oxímoron en ese mundo adusto. Y parece un oxímoron porque a pesar de la edad, muchos de ellos son padres, o tienen que mantener a su familia porque el “jefe familiar” no existe. Esta realidad adulta se mezcla permanentemente con la realidad de jóvenes. Por ello que algunos aleguen que al salir del Centro quieren conseguir un trabajo, y sean pocos los que planteen que les gustaría estudiar. Entienden que “su” realidad es muy diferente a la del resto de los chicos de su edad. Que ellos son pobres y deben trabajar para subsistir y que no habrá ningún padre esperando afuera para darle los gustos al nene.
Comprender esta situación, también, deviene en un permanente estado de angustia que se manifiesta en ciertos grados de intolerancia ya sea con sus pares por algún conflicto en particular, o bien a la hora de adquirir nuevos conocimientos en la escuela.
En cuanto a su relación con los medios de comunicación, podría decirse que es escasa y que está signada por los momentos que los asistentes les permiten ver la televisión. A priori, no se presenta como un instrumento preponderante en sus vidas. Su vocabulario proviene del seno de sus vidas violentas, poco afectivas y marginales. “Careta”, “botón”, “gato”, son ejemplos de construcciones colectivas donde se intenta enmarcar en definiciones poco convencionales su mirada ante el mundo.

Observación de la educación en el Centro de Recepción de La Plata

- Se plantean actividades en los que los contenidos tengan relación directa con situaciones de la vida cotidiana, sin dejar de explicar el concepto relativo de la materia que se esta tratando.
- Observando que existe cierta tensión en relación a que es indefectible que durante el transcurso de la clase los jóvenes expresen que no tienen lugar para expresarse en relación a cuestiones personales que no tengan que ver solamente con situaciones de su internación en la institución.
- Se observa una situación en algunos menores con respecto a que no hacen diferencia entre “el afuera y el adentro”, debido a que según expresan “les da lo mismo estar acá que afuera”, cierta desilusión en relación a su situación y su futuro como si nada fuera a cambiar de su relación social y eso los llevara a no intentan cambiar ninguno de sus habitos.
- Con respecto a esto se observa que el reclamo o necesidad que más expresan es la necesidad de poder “decir”, de contar su visión y en esta Institución no hay espacios en los cuáles ellos puedan desarrollar esa facultad, solo desarrollan tareas manuales ( taller de tornería, cerámica y carpintería), todas actividades en donde la actividad manual esta por sobre encima de promover el ejercicio reflexivo y expresivo de estos jóvenes.
- Otra cuestión que se observa es que no confían en los mayores, ya que ven diariamente como por distintos motivos le han ido suspendiendo distintos talleres (títeres y teatro) y la explicación que les dan es que las personas que estaban a cargo “no vinieron más”.
- El déficit más observado es que desde las autoridades no se observa una práctica de reconocimiento hacia esos jóvenes, de su dinámica social interna, de sus valores y sus necesidades, y sin ese ejercicio, lo único que llevan a cabo una práctica de imposición de valores parecido a lo que expresa Paulo Freire cuando habla de “educación bancaria”.
- Esta situación ocasiona cierta tensión que se podría ver disminuida, ya que el encierro sumado a la falta de espacios para reflexionar y expresar que los chicos muestran, hacen que la convivencia entre chicos y grandes y entre los mismos jóvenes sea bastante tensa en muchas situaciones que se podrían evitar de instrumentar alternativas recreativas para mitigar de alguna forma la realidad de encierro.

En relación a lo observado es que se impone la necesidad en los jóvenes de tener mayores espacios de expresión, que no tienen que ver con tomar estos espacios como ámbitos de denuncia con respecto a su internación, sino como espacios de reflexión y expresión sobre situaciones cotidianas teniendo en cuenta su voz por encima de todo.

El formato podría ser en forma de taller literario y expresión, y utilizar una publicación que este destinada a mostrar estas reflexiones y deseos en forma escrita.

Como último paso estaría su circulación no solo dentro del Instituto sino hacia sus familiares y que estos puedan recibir la publicación cuando los visitan y luego llevarla para leer lo que los chicos cuentan y por que no conocerlos ya que muchas veces ni sus propias familias saben lo que los chicos sienten sobre determinados temas de la vida familiar, sus deseos y necesidades.

La imagen como medio de comunicación

Para Paulo Freire la auténtica educación es la que permite el diálogo entre educador y educando. El diálogo es considerado un fenómeno humano que se revela a través de la palabra. La palabra entonces es fundamental para la interacción y el intercambio entre sujetos, capaces de construir, interpretar y modificar el mundo. Esto significa que “los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión”. [1]
Para que la educación sea válida Freire postula que el educando debe poder pronunciar su palabra y no ser pronunciada ésta por el educador en su lugar. Así el educador construye un verdadero diálogo teniendo en cuenta las características de las personas con las que entra en relación y lo que tienen éstas para decir de su mundo.
Pero la palabra no es sólo la palabra hablada; esa decir no es requisito de la comunicación que el individuo tenga un discurso articulado en el que pueda transmitir su concepción acerca del mundo.
En el caso de la práctica que realizamos en una copa de leche de la ciudad de la plata con chicos de entre dos y diez años, la imagen fue nuestro vehículo para el diálogo. Y en esto fueron determinantes las características de los sujetos con que realizamos este intercambio. Porque como afirma Jesús Martín Barbero, la imagen instaura la ruptura del modelo educativo que sostiene que el aprendizaje se realiza por edades; predicando lo que cada sujeto debe y puede saber de acuerdo a su edad y a su capacidad de comprender una lectura o de expresarse verbalmente. La imagen hace posible “el tránsito de un modelo centrado en la secuencia lineal que encadena unidireccionalmente materias, grados, edades y paquetes de conocimientos, a otro descentrado y plural”[2]
A través de la imagen hasta los más chicos, que todavía no saben escribir ni leer e incluso están aprendiendo a hablar, puede expresar sus ideas y a su vez pueden formar una interpretación del mundo en el que viven. Esto fue lo que tuvimos en cuenta en el momento de proponer la imagen como medio de interacción. Así llevamos a cabo actividades donde los chicos dibujaron su barrio, su casa y su familia y con esto nos dieron una información valiosa de su entorno y sus miradas hacia el mismo.
Otra actividad que llevamos a cabo fue la lectura conjunta de imágenes publicadas en diarios y revistas. Así pudimos ir construyendo la visión que los niños tenían de su sociedad. Ellos nos contaban que las graficas que aparecían en los diarios (fotografías de piquetes, imagen de la presidente de la nación, fotos de casas precarias, figuras militares, etc) les eran familiares porque las veían en los noticieros; por lo que nos dimos cuenta de que la televisión era una herramienta muy importante con las que ellos realizaban sus lecturas del mundo. Dice Barbero: “Al no depender su uso de un complejo código de acceso como el del libro, la televisión expone a los niños, desde que abren los ojos, al mundo antes velado de los adultos. Es como si la sociedad entera hubiera tomado la decisión de autorizar a los niños a asistir a las guerras, a los entierros, a los juegos de seducción, los interludios sexuales, las intrigas criminales. La pequeña pantalla les expone a los temas y comportamientos que los adultos se esforzaron por ocultarles durante siglos” Y es ésta la revolución que instaura las nuevas tecnologías de la comunicación con su uso privilegiado de las imágenes: permitir a los niños su expresión y su comunicación antes de haber desarrollado las herramientas del leer y escribir.
En nuestra práctica, nosotros indagamos en el mundo de los chicos para conocer sus visiones y sus gustos y así aprender de lo que ellos consideran importante. De esta manera no nos olvidamos de los sujetos con los que interactuamos ni del contexto en el que ellos viven, el cual plantea determinados desafíos que hay que tener en cuenta. Así buscamos vehiculizar el intercambio apelando a los códigos, lenguajes y saberes que ellos manejaran.
Iniciamos, así, la ruptura que Freire postula como necesaria con la educación tradicional o “bancaria”; ya que “para el educador tradicional la pregunta no es relativa al contenido del diálogo, que para él no existe, sino con respecto al programa sobre el cual disertará a sus alumnos.” Y a esta pregunta responde él mismo, organizando su programa y sus actividades.
A diferencia de esto, nosotros buscamos la forma más adecuada en la que los chicos pudieran expresarse y hacer el reconocimiento del entorno en el que viven. Con esto, tomamos lo que ellos nos dieron y permitimos que se reconozcan en las actividades que nosotros les ofrecimos. De esta forma, ellos y nosotros iniciamos una participación activa en las transformaciones producidas en el espacio.

[1]. Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. Editorial: Siglo XXI Año de edición: 2005
[2] Jesús Martín-Barbero: Heredando el futuro. Pensar la educación desde la comunicación Publicado en en Rev. Nómadas, Nº 5, Santafé de Bogotá (Colombia), Univ. Central, 1997.